lunes, 9 de julio de 2012

Espejito espejito, ni falta hace que te pregunte que ya lo sé.

Hoy es verano, son las 5 de la mañana y me levanto a la misma hora que he hecho cada día desde que el calor empezó a desprenderse dentro de mi habitación, un impulso me eleva de la cama y me guía hacia delante del espejo.
Tal vez sea por la costumbre o la propia memoria que se empeña en recordar el pasado, pero esperando a ver el mismo reflejo diario me sorprendo y con los ojos como platos observo una nueva imagen, tan extraña que casi creo no reconocer. 
Me pregunto quién es esa extraña que mira fijamente, tan sorprendida como yo. La misma mirada que hace unos meses pero algo menos cansada, labios carnosos que no pueden evitar entreabrirse, piel quemada más que bronceada, un cuerpo veraniego al fin y al cabo, entonces ¿Qué hay de extraño? Físicamente es la misma chica con insomnio que se duerme con el alba. 
Como Alicia a través del espejo veo el mismo mundo que dejé atrás mucho antes de lo que me imaginaba, empieza a cobrar sentido:

"Voy a dejarme llevar por esta bocanada de aire fresco, palabras como personalidad, fuerza, energía, coherencia y a la vez demencia definen mi caminar, subo otro escalón y marco otro tanto, no he ganado la partida pero nada va a parar estas ganas de vivir alineaciones de planetas, conversaciones eternas, risas absurdas, alegría innata, momentos imposibles, palabras destinadas a perderse en lo más profundo de la patata y de bailar desnuda bajo la Luna para que erice mi piel con su luz cual caricia totalmente intencionada."

Tras años nadando a contracorriente y escogiendo los caminos más embarrados un día escribí todo esto en el espejo, gritar a lo imposible ha dado sus frutos. 

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